De niño tu risa llenaba el pasillo
Con dientes de leche y ganas de jugar
Tu padre te dijo: No seas chiquillo
Y apretó tu corbata para hacerte callar
Caminas con todos los músculos tiesos
Contienes el aire por miedo a temblar
Te irritan de lejos las risas y besos
Y exiges que el mundo aprenda a vigilar
Se besan dos jóvenes en una esquina
Tú bajas los ojos, fingiendo leer
De noche su abrazo te ocupa la retina
De día los acusas de no obedecer
Escondes las manos debajo del traje
Tu cuerpo ha aprendido a pedir perdón
A cada deseo le cobras peaje
Y apilas recibos bajo el colchón
Te ofrecen una patria hecha de yeso
Un prócer de cobre, un himno marcial
Te cierra la boca un miedo inconfeso
Y en casa te vuelves juez y fiscal
Te prestan la llave de un cuarto cerrado
Te agrandan el nombre, te llaman señor
Le cierras la puerta al que llega cansado
Y tiemblas si llama tu superior
¡Escucha, hombrecillo! Te hicieron pequeño
Y ahora vigilas quién quiere crecer
Te pruebas la voz del que dijo: Soy dueño
Y pierdes la tuya por obedecer
La risa de otro te sabe a pecado
Le pides al juez que la haga callar
Regresas a casa, te sientes honrado
Tu hija aprende a no respirar
Una vecina hace cantar la vajilla
La escuchas, escondido en el portal
Después denuncias su música sencilla
Por perturbar el descanso vecinal
Se te queda una nota prendida al oído
La silbas a solas camino al taller
Delante de todos condenas el sonido
Que anoche te había devuelto el placer
De noche te nace una boca en el pecho
Te ruega que cantes, te invita a llorar
Al alba la amordazas, satisfecho
Y sales buscando a quién hacer callar
Le temes al hombre que inventa otros mundos
Al niño que juega sin pedir perdón
Escuchas sus risas durante unos segundos
Y buscas un delito para cada canción
Te escribo acusándote desde mi mesa
Con tinta de juez y paciencia de fiscal
Mi hija se acerca, me ofrece una fresa
Le exijo silencio con voz de general
La fruta descansa sobre el papel
Su mano pequeña se aleja de mí
Quisiera llamarte cobarde y cruel
Pero encuentro mi firma en lo que escribí
¡Escucha, hombrecillo! Te hicieron pequeño
Y ahora vigilas quién quiere crecer
Te pruebas la voz del que dijo: Soy dueño
Y pierdes la tuya por obedecer
La risa de otro te sabe a pecado
Le pides al juez que la haga callar
Regresas a casa, te sientes honrado
Tu hija aprende a no respirar
Mi hija regresa, me entrega una hoja
Un animal verde que aprendió a volar
Mi lápiz le prepara una jaula roja
Mi mano vacila. ¿Lo voy a encerrar?