El Amo Escribe con Tu Mano

Astrikos Katoikos

El lunes se sienta detrás del fichero
Con una corbata de seda violeta
El viernes fumaba con Luis, el portero
Hoy tacha su nombre de una libreta

Le dieron un sello, un despacho prestado
Un libro de faltas para rellenar
Ya mira a los otros desde el otro lado
Del vidrio que ayer le tocaba limpiar

En casa la sopa se enfría a las nueve
La niña pregunta por qué hay que callar
El padre, que ante su jefe ni se mueve
Le dicta un reglamento para masticar

La madre recoge los platos mellados
La radio repite: Deber y: Nación
La niña dibuja muñecos sentados
Y cubre sus bocas con rayas de carbón

El martes llegó con su única maleta
La viuda lo espía desde el portal
El jueves su nombre figura en la libreta
Junto a una advertencia: Peligro social

Un niño le acerca una silla a la acera
La viuda la esconde al verlo llegar
Después lo coloca de pie en la escalera
Y le hace guardar la silla sin hablar

¡Don Nadie, Don Nadie, qué traje tan grande!
¡Qué hermoso uniforme de falso señor!
El hambre te encoge, la orden te expande
Y firmas sonriente tu propio dolor

La llave es de lata, la puerta está abierta
El dueño vendió el almacén
Tú sigues velando la nave desierta
¿A quién obedeces? ¿A quién?

En la pantalla deforman un retrato
Lo vuelven siniestro con luz lateral
El hombre del quinto lo mira un buen rato
Y esconde a sus hijos al verlo en el portal

Enseguida venden ventanas blindadas
Con envío gratuito y financiación
Él mide dos veces las puertas cerradas
Y encarga tres rejas por televisión

El guardia vigila un ascensor vacío
Lleva el apellido grabado en metal
Le niega la entrada a un hombre con frío
Por llevar los zapatos manchados de cal

Más tarde, en el baño, se mira de frente
Sus labios imitan al viejo inspector
Ensaya la mueca, le sale convincente
Y luego se asusta de su propio temblor

¡Don Nadie, Don Nadie, qué traje tan grande!
¡Qué hermoso uniforme de falso señor!
El hambre te encoge, la orden te expande
Y firmas sonriente tu propio dolor

La llave es de lata, la puerta está abierta
El dueño vendió el almacén
Tú sigues velando la nave desierta
¿A quién obedeces? ¿A quién?

El viernes le dejan un sobre sellado
La tinta es violeta, la firma es de él
Su nombre aparece en el centro, tachado
Junto al de Luis en el mismo papel

¡Don Nadie, Don Nadie, qué traje tan grande!
¡Qué hermoso uniforme de falso señor!
El hambre te encoge, la orden te expande
Y firmas sonriente tu propio dolor

La llave es de lata, la puerta está abierta
El dueño vendió el almacén
Tú sigues velando la nave desierta
¿A quién obedeces? ¿A quién?

El nuevo empleado se prueba la chaqueta
Se alisa las mangas, se sienta a esperar
Le entregan un sello y una carpeta
Pregunta qué nombre le toca tachar


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